Las historias no son tan bonitas como te las cuentan. Hay ocasiones que prefiero dormirme y no volver a despertar en mucho tiempo, esperado a que ese príncipe que tanto tiempo llevo esperando llegue a lomos de un caballo blanco. Que se acerque a mi cuerpo dormido y lo despierte con un buen beso, de esos en los que oyes fuegos artificiales por detrás. Una vez despierta, me lleve a caballo hasta su castillo en el cual viviríamos felices para siempre.
Quiero volver ha hacer esa pequeña niña inocente que lo que menos le importa es lo que piense la gente sobre ella, que le de igual no estar triste porque siempre encuentra miles de motivos por los cuales estar siempre contenta, que lo que más le guste de este mundo este escrito en pequeñas hojitas de las cuales siempre acaban con un " Comieron felices".
Esa niña que un día se fue en busca de una rana con las esperanzas de poder encontrar por primera vez el amor y volver con el corazón en la mano roto en mil pedazos.

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