Sube por los bordes de la cama, por el edredón, por su pelo castaño, por sus brazos destapados.Al sentir el cálido toque del nuevo día, ella abre los ojos. El despertador todavia no había sonado.Tira del edredón y se tapa por debajo de la barbilla. Permanece con los ojos todavia entornados, con las manos en la tripa, con las piernas quieta, inmovil.
Repentinamente suena el despertador. Molesto e insistente, precedido de un pequeño clic. Ella se mueve desganada en la cama, alarga el brazo, buscando a tientas el despertador sobre la mesita. Tropieza con su libro de lectura, un libro dejado a la mitad. Encuentra el despertador, lo apaga.
Después enciende la radio, la sintoniza...
Lentamente cierra los ojos y se vuelve a dormir. Se abandona a si misma, en aquella especie de duermevela ligera y agradable, todavia caliente y aturdida recién llegada de quién sabe que mundo.
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